Deporte y salud

Factores que determinan la realización de ejercicio físico

4 noviembre, 2014

El por qué practicamos deporte, y para qué lo practicamos, son las cuestiones más repetidas dentro del sector deportivo. Hay muchas teorías relacionadas con estos aspectos, aunque muy pocas están respaldadas científicamente por estudios que cuantifiquen la importancia de los diferentes aspectos que nos mueven a tomar la decisión de realizar un ejercicio físico. Aunque en la edad de la infancia el movimiento y el propio cuerpo formen parte de todo nuestro proceso de formación tanto física como intelectual, parece que cuando crecemos las motivaciones para seguir practicando serán otras.

Existen estudios realizados por García y Llopis (2010) que ponen de manifiesto que la práctica deportiva de los progenitores es determinante en la realización de deporte, como también lo es el hecho de haber disfrutado de un pasado activo. Por otra parte, las condiciones sociales también son decisivas. Como afirma Smith (2010), existen elementos como la pertenencia a una u otra clase social, el nivel de instrucción o la ocupación influyen decididamente sobre la práctica de deporte. Se manifiesta entonces que la cantidad de ejercicio físico que se realiza se incrementa junto con el nivel de estudios, nivel de renta y estatus socio económico. Podríamos relacionar el nivel de concienciación social sobre el valor del cuidado corporal, tanto por fines estéticos, competitivos como por temas de salud, lo que hace valorar el deporte como parte fundamental de la vida diaria de las personas.

Es este último motivo, la mejora de la salud, el que en los últimos años ha sido el revulsivo para que una gran parte de la población se haya convertido en población activa y poco a poco existan menos personas sedentarias. Además, las recomendaciones médicas para la prescripción de ejercicio físico han aumentado por los altos porcentajes de muerte por enfermedades cardiovasculares, las cuales se pueden prevenir con el ejercicio físico.

Pero se ha debatido mucho sobre cuáles son los requerimientos de ejercicio físico para llegar a realizar entrenamiento con un impacto corporal suficiente para que aparezca una mejora palpable en el objetivo de mejorar nuestra calidad de vida. Existen muchas versiones sobre cuál y cuanto ejercicio se debe realizar para obtener una mejoría mínima sobre el cuerpo humano y considerar a una persona activa, en vez de sedentaria.

Según Willmore y Costill (2004) los estudios de investigación dirigidos sobre la frecuencia del ejercicio físico muestran que una frecuencia de entre 3 y 5 sesiones de ejercicio físico por semana es óptima para conseguir mejoras fisiológicas considerables. Aunque lo cierto es que el mayor cambio en la fisiología humana sucede cuando un sujeto pasa de ser sedentario a mínimamente activo y regular.

Por ejemplo, este mismo autor considera una sesión a la realización de una actividad física mínima tal y como mantener una resistencia durante 15 minutos, lo cual aparentemente puede parecer un impacto demasiado leve. Por otro lado también insiste en que la progresión ascendente más notable se produce las ocho primeras semanas respecto al cambio inicial, siendo las cuatro primeras semanas las que más mejoría se nota. Dicho suceso responde a los principios de adaptación y supercompensación del ser humano, según dichos principios el cuerpo se adapta a las nuevas necesidades físicas con cambios fisiológicos y anatómicos y a través de un empeoramiento inmediato de las cualidades físicas, el cual posteriormente mejora respecto al estado de partida.

Aunque en principio los criterios nombrados son los más asentados, tras realizar una revisión bibliográfica se puede afirmar que no hay un consenso sobre cuál es el criterio de práctica de ejercicio físico para acotar una persona como activa. Autores como Serrano y Boix (2012), señalan que, para obtener beneficios significativos para la salud a través de la actividad física y del deporte, deben realizarse como mínimo durante 30 minutos casi todos los días de la semana.

En la misma línea, según diversas investigaciones, como las de Casajús y Vicente-Rodriguez (2011), la realización de actividades físicas y deportivas constituye un elemento beneficioso para la salud, pero recuerdan que organismos internacionales, tales como el American College of Sports Medicine, consideran que al menos es necesario realizar actividad física de baja a moderada intensidad durante la mayor parte de la semana para obtener beneficios para la salud. Así, indican que las personas que realizan con regularidad actividades de mayor duración obtendrán mayores beneficios para la salud. Por otro lado, autores como López y López (2008), indican que respecto a la adherencia al ejercicio físico o los resultados fisiológicos, no es tan importante la frecuencia ni la intensidad, sino la constancia en el tiempo. Dejando a un lado el valor del tiempo o intensidad por sesión sino la regularidad de las sesiones en el tiempo.

Otros autores, quizás menos precisos, consideran simplemente que un estilo de vida es saludable cunado existen unos hábitos saludables respecto a las diferentes áreas del ser humano, por lo que en cuanto a la práctica deportiva se refiere, Marquez y Garatachea (2009) afirma que una persona será activa cuando tiene adherido un hábito regular por realizar ejercicio físico para estar en forma. No obstante, ya sea desde la visión restrictiva de unos, o la más laxa de otros, lo que sí hay en la literatura es unanimidad en reconocer que la actividad física es un elemento potenciador de la salud, cono aseguran Generaelo y Tierz (1991). En este sentido, dichos autores consideran que el ejercicio mejora tanto las funciones físicas como las mentales o psicológicas relacionadas con la imagen corporal, sensación de bienestar, etc., y reduce factores de riesgo para la salud como la obesidad, diabetes o colesterol, entre otros.

Son muchos los estudios epidemiológicos que ponen de manifiesto la innegable relación entre ejercicio físico y salud, aunque manifiestan la dificultad de llevar a cabo estudios longitudinales que evidencien relaciones causales. Estos estudios se basan en un paradigma biológico, ya que utilizan indicadores físicos (ritmo cardíaco, tensión arterial, dolores musculares, etc.) para medir la salud de la población objeto de estudio. Con base en estos indicadores, se estima que entre un 9% y un 16% de las muertes producidas en los países desarrollados pueden ser atribuidas a un estilo de vida sedentario, tal y como indica Entrala et al. (2003), teniendo en cuenta que estos hábitos de vida van asociados en muchos casos a otros factores de riesgo como hábitos alimentarios poco saludables o consumo de tabaco y/o alcohol.

Existen referencias de Moscoso et al. (2013) las cuales relacionan, en base a un estudio empírico, una serie de variables a los conceptos activo y sedentario. Dicho autor crea un nuevo concepto, el índice de estilo de vida. Dicho índice no solo se calcula en base al ejercicio físico que se realice, sino que también lo relaciona con la autovaloración del estado de salud, un cuestionario sobre el estilo de vida y bienestar personal y finalmente con los hábitos respecto al ejercicio físico. Dichas correlaciones tienen una numeración para generar un dato estadístico, el Índice del Estilo de Vida (IEV) el cual se contempla entre el -3 y el +3, siendo el valor positivo como activo y el valor negativo como sedentario. En la figura 9 se puede apreciar la media española.

Clasificación de la población española en el Índice del Estilo de Vida. Moscoso et al. (2013)

Clasificación de la población española en el Índice del Estilo de Vida. Moscoso et al. (2013)

Realizando un cómputo coherente según los criterios nombrados, podríamos indicar que se producen grandes cambios con pequeñas sesiones de ejercicio físico muy moderados siempre que se realicen de forma regular, que constituyan un hábito en la vida diaria de la persona. Aunque obviamente se producen más cambios cuanto más ejercicio se realiza, no es necesario pasar del sedentarismo a la gran cantidad de ejercicio físico para considerarse una persona activa, ni para conseguir un gran cambio en la fisiología humana.

  • Reply
    Gabriel Vera
    18 diciembre, 2014 at 9:41 am

    Muy buen artículo,
    me recomendaron este blog y ay son varios los artículos que he leído.

    Gracias por las aportaciones, son muy interesantes

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