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El entrenamiento del portero en fútbol-base: Niveles de juego

14 enero, 2014

¿Le prestaría una persona normal sus zapatos del número 41 a su hijo de seis años para que los use en a la escuela? Es obvio que no, cualquier persona en sus cinco sentidos, conseguiría unos zapatos a la medida de su hijo para que pueda sentirse cómodo con ellos.

Las responsabilidades de un formador de fútbol que, posiblemente, está más tiempo con su alumno que un profesor de cualquier asignatura en el colegio, no se basa meramente en el aspecto técnico, táctico y motriz, sino también en la transmisión de valores educativos, sociales y formativos a los jóvenes que en un futuro muy cercano serán deportistas adultos. La pretensión del entrenador debe ir mucho más allá del manejo de las dos piernas o la correcta ejecución de un control por poner dos ejemplos.

El formador debe saber que los jóvenes entre 10 y 17 años de un club deportivo pertenecen a la generación más influenciable y moldeable que tenemos en el fútbol y no sólo desde el punto de vista del aprendizaje técnico, táctico, cognitivo y físico. El camino al éxito deportivo es un proceso permanente y no una meta que se debe alcanzar. Por encontrarse también el juego del fútbol en una constante evolución (entre otras cosas debido al constante cambio de las reglas de juego, normalmente siempre aplicadas al portero), cada técnico debe procurar adaptarse a las nuevas exigencias y evolucionar sin pausa para no quedarse atrás.

El mayor enemigo de cualquier entrenador es no tomar consciencia de la necesidad de seguir aprendiendo y de la actualización continua de sus conocimientos. Y precisamente el portero es posiblemente quien más cambios ha sufrido en los últimos tiempos: lo que obliga a los preparadores de los guardametas a evolucionar con el tiempo.

El 14 de junio de 2013 en una entrevista al diario El País, José Manuel Ochotorena (entrenador de porteros de la selección española) contestaba al periodista Luis Martín al respecto de la evolución del puesto de portero lo siguiente; “… ha evolucionado mucho. Por las normas, por la utilización de los pies, pero también por la manera de jugar de los equipos, la necesidad de leer el juego, la inteligencia táctica. Antes vivíamos de las situaciones de portería, tiros, centros. Ahora la velocidad del juego no tiene nada que ver y en equipos como el nuestro, el portero interviene muy puntualmente bajo los palos, pero aporta muchísimo más al equipo. El propio entrenamiento ha cambiado, es mucho más táctico, antes vivías aislado, ahora participan en los rondos. El portero moderno domina muchas más facetas del juego que antes, es tácticamente más inteligente, lee mucho mejor. Nosotros no teníamos esa capacidad ni la exigía el juego, éramos muy físicos, nos bastaba con parar y con el control del juego aéreo. El portero sigue mandando a la defensa, pero ahora se implica en muchas más cosas. Por ejemplo, antes no salías del área pequeña y llegar al punto de penalti era como ver a un explorador en la selva… Era lo que había, pero la evolución es evidente y consciente. Ahora es uno más, antes era un aparte. Los mismos entrenamientos han cambiado. Es que antes no había ni entrenador de porteros, era el segundo que normalmente tiraba tiros frontales y centros y poco más, unos con más interés, otros menos, pero yo nunca tuve un entrenador de porteros, jamás“. De forma simple y nítida Ochotorena denotaba las mutaciones producidas en el comportamiento y preparación de los arqueros.

Debido a la insuficiente atención que se presta en general a la formación de formadores o iniciadores en el fútbol (este es uno de los mayores enemigos del fútbol formativo), se observa con preocupación que el entrenamiento se basa todavía en la mayoría de los clubes, principalmente, en la enseñanza de los gestos técnicos y en un partidillo final.

Haber dado prioridad a la técnica y al cumplimiento estricto de las órdenes del entrenador sin involucrar suficientemente al jugador (portero) en la solución de los problemas, ha impedido a muchos jóvenes entender el juego en sus aspectos más básicos. En esta línea nos gustaría introducir el brillante enunciado de Josep Guardiola: “… a mí me han educado desde los trece años para que conozca el fútbol. Antes jugaba porque jugaba, y creía que las cosas sucedían porque sí. Pero me han hecho entender que suceden porque hay una lógica; me educaron para descifrar el juego, y en cambio, a la mayoría de los jugadores nadie les ha dicho nada. A muchos técnicos no les interesa nada de lo que estamos hablando, desde jóvenes a los jugadores les dicen que hay que luchar, que hay que ganar y esas cosas, y llegan a primera división sin saber nada del juego. Esto es lo que pasa y por eso es tan difícil que la gente hable realmente de fútbol “.

Solo así se explica el hecho de que disponemos hoy de un número insuficiente de porteros de fútbol inteligentes capaces de solucionar los múltiples problemas que se presentan constantemente en el juego. Los niños que quieren ser porteros DEBEN CONOCER el juego…esa debe ser obligación elemental del entrenador respecto a ellos.

Así pues, la prioridad debe ser la búsqueda de un modelo para la formación del portero de fútbol, cómo enseñar y entender el juego, en qué edades debemos desarrollar las capacidades técnico tácticas, así como la inteligencia en el juego, diferenciándola entre niños y adolescentes. Desde esta perspectiva, resulta básico y prioritario el entrenamiento del portero en función de su edad, lo que debería suponer dividir a los porteros, en un club deportivo, en tres niveles de juego: iniciación, perfeccionamiento y especialización.

La primera fase el trabajo debe realizarse con niños de 10 y 11 años (verdaderamente importante es la primera formación inicial del portero de fútbol, siempre en su justa medida, mostrando y evaluando sus capacidades, ya que cada día hay una mayor consideración a los entrenamientos individualizados); en el segundo nivel los jugadores entre 12 y 15 años y dentro de la última fase, los guardametas entre 16 y 19 años. Como resulta evidente y nítido no es lo mismo un jugador, un niño, de 10 años que otro de 19 años: se ha de desarrollar, por ello, un trabajo individualizado y progresivo. En cualquier caso, la idea básica es la necesidad de un entrenamiento específico de esta demarcación pero además adaptado a las diferentes etapas evolutivas del joven.

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